Encadenado

(Dissolve / Fondu enchainé)

Tipo de transición consistente en la progresiva desaparición de una imagen mientras se genera otra que la sustituye. Al contrario de la transición por corte, que por lo general pretende pasar desapercibida, la intención del encadenado es la de mostrarse al espectador para generar un significado, ya sea una vuelta al pasado, una elipsis o una identificación o contraste de formas. También puede no significar nada concreto más allá de la oferta de belleza. Incluso en última instancia si el paso de un plano a otro contiene alguna incorrección el encadenado es una solución plausible para suavizar el mal efecto.

La historia del encadenado –también llamado “fundido encadenado” y “disolvencia”- empieza antes del mismo cine, ya que en los espectáculos de linterna mágica, como las fantasmagorías o espectáculos de terror de finales del XVIII y principios del XIX, se fundía la imagen de un primer proyector de linterna mientras surgía una nueva imagen desde el segundo. La entrada en el cine del encadenado procede de los primeros films de los cineastas pioneros, como Georges Méliès, sobre todo en diversos trucajes. Poco a poco, el encadenado va sumando significados, como signo de paso de tiempo hacia el futuro o bien hacia el pasado, o bien transición hacia el sueño o la realidad, como en Reve et realité (1901) de Ferdinand Zecca, en el que un hombre besa a una bella mujer que, tras un encadenado, ésta le rechaza.

La intención del encadenado es la de mostrarse al espectador para generar un significado, ya sea una vuelta al pasado, una elipsis o una identificación o contraste de formas

En la secuencia inicial de la muerte de Charles Foster Kane de Ciudadano Kane (Citizen Kane, 1942), dirigida por Orson Welles, el acercamiento al castillo de Xanadú se produce a partir de diversos encadenados que mantienen todos ellos la luz de la ventana del edificio en el mismo punto del encuadre. El mediometraje La Jetée (1962) de Chris Marker, realizado a partir de voz en off, música e imágenes carentes de movimiento, utiliza el encadenado como forma principal de transición. Martin Scorsese utiliza una figura de estilo propia al encadenar personajes que se acercan andando desde el fondo a primer término, acortando así el tiempo de trayectoria, como puede verse en Taxi driver (1976) o After hours (1985).

Apocalypse now

Apocalypse Now / Apocalypse Now | Francis Ford Coppola, 1979, EE.UU.

Libremente inspirada en El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad, la película nos cuenta cómo, durante la guerra de Vietnam, y presumiblemente alrededor de 1969, el atormentado capitán del ejército norteamericano Benjamin L. Willard (Martin Sheen) recibe en Saigón un encargo directo de sus superiores que le cambiará radicalmente la vida: la misión, altamente secreta, consiste en localizar y matar al coronel Kurtz (Marlon Brando), militar de impecable trayectoria que parece haber perdido el juicio al refugiarse en el corazón de Camboya junto a una tribu de nativos Montagnard que lo adoran como a una deidad primitiva. Para lograrlo, Willard deberá remontar el río Nung en una patrullera de la armada acompañado tan solo por un puñado de soldados.

Retrato de Francis Ford Coppola
Si no podemos experimentar como los pioneros del cine, cómo vamos a conseguir que el cine evolucione, cómo van a ser las películas de nuestros nietos

Francis Ford Coppola

(1939)

Considerado como uno de los directores más importantes e influyentes de todos los tiempos, el mítico Francis Ford Coppola, figura fundacional como pocas del llamado New Hollywood, nació en Detroit el 7 de abril de 1939 en el seno de una familia de emigrantes napolitanos. Hijo del compositor Carmine Coppola y de la actriz Italia Pennino Coppola, a los nueve años contrajo la poliomielitis, lo cual le obligó a permanecer en cama durante una larga temporada y a depender, en su primera adolescencia, de los cuidados de sus mayores. Tras graduarse en la escuela de cine de la Universidad de Los Ángeles, colaboró con Roger Corman en varias películas de terror, tarea que compatibilizó con sus primeros trabajos como director, los cuales recibieron una tibia respuesta de público y crítica. En 1970 recibió el primero de sus seis Oscars por su trabajo como guionista en Patton (Franklin J. Chaffner). Ello motivó que la Paramount le encargara el guion y la dirección de El padrino (1972). Galardonado con tres premios más de la Academia, el filme arrasó en taquilla y aún hoy día es un auténtico símbolo de lo mejor que dio de sí el cine en la década de los 70. Realizada por un Coppola que contaba tan sólo 33 años de edad, la shakesperiana adaptación que hizo de la novela de Mario Puzo demostraría su gran madurez creativa como cineasta. Gracias a esta película, Francis Ford Coppola adquirió los medios económicos y el prestigio necesarios para desarrollar y producir sus propios filmes en el marco de la American Zoetrope, empresa que él mismo fundó en 1971 y en la que trabajarían directores como Martin Scorsese y George Lucas. Antes de embarcarse literalmente en la que es sin lugar a dudas su obra maestra, la monumental Apocalypse Now (1979), Coppola volvería a dar en la diana con El padrino II (1974), retorno a la saga de Puzo que remataría ya definitivamente en 1990 con El padrino III. El rodaje en Filipinas durante más de dos años de Apocalypse Now estuvo rodeado por toda clase de infortunios, incluido un tifón que destruyó buena parte de los decorados. El filme supuso una experiencia agotadora para todo el equipo: Coppola tuvo que hipotecar su propia casa para conseguir la financiación necesaria para acabar el rodaje, y Martin Sheen estuvo a punto de morir de un ataque cardíaco. El escaso éxito comercial de esta indiscutible obra maestra (que el propio director volvió a remontar y lanzar al mercado en 2001 bajo el título de Apocalypse Now Redux), unido al rotundo fracaso de su visionaria Corazonada (1982), supuso el fin de la American Zoetrope, obligando a Coppola a rodar durante la década de los 80 películas de menor presupuesto pero igualmente memorables, como Rebeldes (1983), La ley de la calle (1983) o Cotton Club (1984). El sonado éxito en 1990 de El padrino III le permitió embarcarse de nuevo en proyectos de mayor y más operística envergadura, como es el caso de la igualmente exitosa Drácula de Bram Stoker (1992). Tras ella llegarían títulos bastante más convencionales y “alimenticios”, como Jack (1996) o Legítima defensa (1997), dedicándose ya entrado el nuevo milenio y casi en exclusiva a la producción de filmes ajenos (caso de los de su propia hija, la más que interesante Sofía Coppola), al puntual rodaje de proyectos propios de bajísimo presupuesto (como Tetro, de 2009, o Twixt, de 2011), y a su labor como empresario en campos tan apartados en principio del cine como puedan serlo el de la industria del vino o el de la hostelería. En 2015 fue galardonado con el premio Princesa de Asturias de las Artes.