(Pan or panning shot or panoramic shot / Panoramique)
Movimiento de la cámara sobre su eje, horizontal o verticalmente. La panorámica es probablemente el primer movimiento de cámara en surgir en la historia del lenguaje cinematográfico, y sus funciones no han variado desde su origen: describir el espacio o bien seguir a un personaje o un objeto en movimiento. A menudo se asocia al plano subjetivo cuando la panorámica responde a la mirada de un personaje, como en la secuencia de la ampliación de las fotografías de Blow Up (Deseo de una mañana de verano) (Blow Up, 1966) de Michelangelo Antonioni, cuando el fotógrafo observa con atención desde el sofá y en el plano siguiente la cámara se mueve en panorámica mostrando las ampliaciones fotográficas colgadas en las vigas de madera.
La panorámica es probablemente el primer movimiento de cámara en surgir en la historia del lenguaje cinematográfico, y sus funciones no han variado desde su origen: describir el espacio o bien seguir a un personaje o un objeto en movimiento
Las panorámicas de descripción espacial suelen darse al principio de los relatos cinematográficos o bien al inicio de las secuencias, para ofrecer toda la información al espectador sobre la ubicación donde se desarrollará el relato, por ejemplo en La ventana indiscreta (Rear Window, 1954), de Alfred Hitchcock, cuyos tres minutos iniciales están dedicados a describir el patio de atrás del edificio del protagonista, un fotógrafo, a través de diversas panorámicas.
Una de las primeras panorámicas de la historia del cine puede verse en Asalto y robo a un tren (The Great Train Robbery, 1903), western de Edwin S. Porter, cuando la cámara efectúa un seguimiento en horizontal y hacia la izquierda de los bandoleros en el bosque subiendo a sus caballos y huyendo.
La ventana indiscreta
Rear Window / Fenêtre sur cour | Alfred Hitchcock, 1954, EE.UU.
Obligado a guardar reposo absoluto tras romperse la pierna en un aparatoso accidente, el fotógrafo de prensa L. B. Jefferies (James Stewart) sobrelleva como mejor puede su tedioso encierro observando con unos prismáticos desde la ventana de su apartamento lo que ocurre en las viviendas de enfrente. Debido a una serie de extrañas circunstancias, y con la complicidad tanto de su propia novia como de su enfermera, empieza a sospechar de un vecino cuya mujer parece haber desaparecido.
Me molesta mucho cuando la gente critica mis filmes a causa de su contenido. Es como si alguien que mirase una naturaleza muerta dijera: me pregunto si esas manzanas serán dulces o agrias. El cine es ante todo forma
Alfred Hitchcock
(1899-1980)
A lo largo de una carrera que duró más de medio siglo, Hitchcock configuró un estilo cinematográfico distintivo y muy reconocible que le llevaría a ser reconocido como el indiscutible “Mago del Suspense”. Considerado como uno de los artistas más importantes e influyentes del Séptimo Arte, todas sus películas sin excepción (53 en total), tanto las mudas como las sonoras, y tanto las de su etapa británica como las de su aún más exitosa etapa estadounidense, siguen fascinando a los cinéfilos de todo el mundo. Innovador y experimentador incansable, Hitchcock se dedicó en cuerpo y alma a su arte, llegando a crear maquetas y sofisticados esbozos para cada una de sus escenas antes de filmarlas. Cuando en 1929 realizó su primer film parcialmente sonoro, La muchacha de Londres, ya era considerado como uno de los principales directores de cine británicos. Tras encadenar una serie de éxitos como Asesinato (1930), El hombre que sabía demasiado (1934), Los 39 escalones (1935), Sabotaje (1936) y Alarma en el expreso (1938), Hitchcock viajó a Estados Unidos para probar suerte en los estudios de Hollywood, esperando de ese modo obtener una mayor libertad creativa y mucha más popularidad. Su primera película americana fue la oscarizada Rebeca (1940). En tierras estadounidenses Hitchcock realizaría más de una película por año, ritmo que tan solo amainaría tras Psicosis (1960). Algunas de sus películas clásicas de ese periodo serían La sombra de una duda (1943), Encadenados (1946), Extraños en un tren (1951), La ventana indiscreta (1954), el remake de El hombre que sabía demasiado (1956), Vértigo (1958), Con la muerte en los talones (1959) y Los pájaros (1963). En 1968, la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas le concedió el Memorial Irving G. Thalberg, en compensación por el tremendo error de no haberle concedido nunca un Oscar, a pesar de haber sido nominado hasta en cinco ocasiones. En el acto de entrega el director se limitó a dar las gracias. Mientras, en Europa, la obra de Hitchcock se había convertido ya en referencia y guía de toda una nueva generación de críticos y directores, entre los que destacaría el cahierista Francois Truffaut. De las largas charlas entre ambos artistas surgiría un mítico libro en el que el cineasta británico reflexionaría extensamente sobre su vida, el cine en general y su obra en particular.