Montaje intelectual

(Intellectual montage / Montage intellectuel)

Originalmente el llamado montaje intelectual es el quinto de los métodos enunciados por Sergei Eisenstein en un texto de 1929. El director soviético considera las siguientes categorías: montaje métrico, que tiene en cuenta la idéntica longitud de un grupo de planos; montaje rítmico, que atendiendo al movimiento interno en el encuadre genera secuencias de planos que parece que tengan la misma duración; montaje tonal, en donde todos los planos de un bloque secuencial responden a un único “tono o sonido emocional”; montaje armónico, en el que un grupo de planos con un motivo visual dominante se combina con grupos de planos con otros motivos, como en una pieza musical de varias voces; y montaje intelectual, que Eisenstein define como “armonía intelectual”, una categoría de mayor complejidad en la que la voz dominante expresada en uno o varios planos puede diferir considerablemente del resto, colisionando con otro u otros planos de forma que el espectador busque y encuentre el significado de esa asociación armónica que en ocasiones alcanza el símbolo o la metáfora.

La herencia del montaje intelectual de Eisenstein puede encontrarse en secuencias de contrapunto como el bloque inicial de Hiroshima mon amour, de Alain Resnais, con la voz en off de los amantes sobre las imágenes documentales de los efectos de la bomba atómica en los habitantes de Hiroshima

En el “Manifiesto del Contrapunto Orquestal”, de la época del umbral del cine sonoro, los firmantes Sergei Eisenstein, Vsevolod Pudovkin y Grigori Aleksandrov, defienden un concepto parecido al montaje intelectual pero en lugar de asociaciones de imágenes hablan de no coincidencia entre imagen y sonido, buscando a la vez la complementariedad y evitando la repetición, para sumar información. El contrapunto audiovisual es un derivado del montaje intelectual y representa una de las formas más ambiciosas de transmisión de información. Eisenstein lo pone en práctica en algunos instantes de El acorazado Potemkin (Bronenosets Potiomkin, 1925) y en numerosas secuencias de Octubre (Oktiabr, 1928). La herencia del montaje intelectual de Eisenstein puede encontrarse en secuencias de contrapunto como el bloque inicial de Hiroshima mon amour (1959) de Alain Resnais, con la voz en off de los amantes sobre las imágenes documentales de los efectos de la bomba atómica en los habitantes de Hiroshima. O en Her (2013) de Spike Jonze, en diversas secuencias como la de sexo del protagonista con una muchacha cuya voz es la del sistema operativo del cual él se ha enamorado.

Léolo

Léolo / Léolo | Jean Claude Lauzon, 1992, Canadá/Francia.

Léo Lauzon es un niño que vive en un humilde barrio de Montreal, atrapado en una sórdida existencia. Cada noche intenta evadirse por medio de los recuerdos, los sueños, la lectura y su desbordante imaginación, pero la cruda realidad familiar interrumpe siempre sus fantasías: tiene un padre obsesionado por la salud intestinal de toda la familia, un hermano culturista que vive preso del miedo, dos hermanas que padecen trastornos mentales, un abuelo tirando a psicópata y una enorme madre coraje que intenta controlar lo mejor que puede tan disfuncional microcosmos doméstico. En medio de semejante contexto, Léo llegará a creer que debe su existencia a un tomate italiano fortuitamente fecundado. A partir de ese momento decidirá hacerse llamar Léolo Lozone.

Cuando escribo, caigo en un curioso estado: dejo de trabajar, leo más, escucho más canciones que me interesan. En el guion, cada cosa ha sido escrita a partir de la música

Jean Claude Lauzon

(1953-1997)

El 10 de agosto de 1997, una avioneta Cessna 180 se estrellaba en una zona boscosa del norte de Quebec, Canadá. En el fatal accidente morían sus dos únicos ocupantes, una pareja que venía de pasar un día de pesca. En pocas horas el suceso ocupaba ya todos los telediarios tanto de Canadá como del resto del mundo, ya que los dos fallecidos no eran otros que Marie-Soleil Tougas, conocida actriz y presentadora de la televisión canadiense, y su novio, Jean Claude Lauzon, el director de mundialmente aclamada Léolo, la que desgraciadamente sería su segunda y última película. Nacido en un humilde barrio de Montreal, durante la adolescencia Lauzon abandonó los estudios y se puso a trabajar en las plantaciones de tabaco y maíz de Ontario. Antes de los 25 años ya había sido peón de fábrica, bibliotecario, leñador, monitor de submarinismo e incluso taxista. Finalmente logró licenciarse en Comunicaciones en la Universidad de Québec, título que le permitiría más adelante estudiar cine en la ciudad de Los Ángeles. Tras realizar un puñado de cortometrajes y ganar unos cuantos premios, Lauzon consiguió terminar en 1988 la que sería su ópera prima, Fronteras de la noche (Un zoo la nuit), con la que ganaría trece premios Genie de la Academia Canadiense de Cine y Televisión. Su siguiente cinta, la en gran parte autobiográfica Léolo, optaría en 1992 a la Palma de Oro de Cannes y sería premiada ese mismo año con la Espiga de Oro en el Festival de Valladolid, convirtiéndose casi de inmediato en una auténtica “película de culto”. De hecho, en 2005, la revista TIME la eligió como una de las 100 mejores películas de todos los tiempos. En el momento de su fatal accidente, Lauzon se encontraba preparando el guion del que iba a ser su tercer filme.