Música diegética y extradiegética

(Diegetic music and Non-diegetic music / Musique diégétique et musique extra diégétique)

La música en el audiovisual es “diegética” (procedente del vocablo griego que significa “mundo ficticio verosímil”) cuando surge de la historia narrada y por tanto puede ser generada o bien percibida por los personajes. Es “extradiegética” cuando es ajena a la percepción de los personajes de forma que está pensada para subrayar la emoción que debe experimentar el espectador.

La música diegética forma parte natural de la narración dado su carácter realista: un personaje toca un instrumento o bien oye la radio o cualquier reproductor. La música extradiegética en cambio se acepta a partir de una convención que el cine hereda del teatro y en general de la ficción convertida en espectáculo

La música diegética forma parte natural de la narración dado su carácter realista: un personaje toca un instrumento o bien oye la radio o cualquier reproductor. La música extradiegética en cambio se acepta a partir de una convención que el cine hereda del teatro y en general de la ficción convertida en espectáculo. En el audiovisual alcanza probablemente mayor desarrollo que en cualquier otra arte porque se extiende a todos los géneros cinematográficos de ficción y no ficción, en especial los dibujos animados, el cine de suspense, el fantástico y el terror, las películas de acción, los melodramas (“melodrama” significa drama con música), los concursos y magazines de televisión e incluso los noticiarios en los que supuestamente se informa de forma objetiva sin necesidad de buscar el efecto emocional suplementario que confiere la música.

Por lo general la mayoría de films desde mediados de la década de los años 30, después de la llegada del cine sonoro, combinan música diegética y extradiegética. Sin embargo, algunos cineastas como Robert Bresson –Pickpocket (1959)-, Eric Rohmer –Ma nuit chez Maud (1969)- o José Luis Guerín –En construcción (2001)- renuncian a la convención de la música extradiegética en beneficio de un mayor realismo o de la búsqueda de poesía a través del silencio o los efectos de sonido.

Casino, de Scorsese

Casino / Casino | Federico Martin Scorsese, 1995, EE.UU.

Basada en la historia real de Frank “Lefty” Rosenthal, Anthony Spilotro y Geri McGee, Casino nos sitúa en el convulso mundo de Las Vegas durante los años setenta. Allí será enviado por sus jefes Sam "Ace" Rothstein (Robert De Niro), apostador deportivo profesional vinculado a la mafia y encargado a partir de ahora de dirigir el casino Tangiers con la connivencia del senador Andy Stone. Con su licencia todavía en trámite, Sam se convierte en el jefe de facto del casino, doblando las ganancias de forma casi inmediata para alegría de sus benefactores en la sombra. Impresionados por su trabajo, éstos envían a un amigo de la infancia de Sam, el ajustador de cuentas Nicholas "Nicky" Santoro (Joe Pesci), para que les proteja a él y al negocio. “Nicky”, sin embargo, se convierte más en una incomodidad que en una ayuda, y gracias a su temperamento violento consigue rápidamente que le prohíban la entrada en todos los casinos de Las Vegas. “Nicky” decide actuar por su cuenta y llama al resto de su banda, que acude desde el medio oeste para ayudarle a ejecutar robos de joyas y asesinatos de los que siempre logra salir impune a pesar de estar siendo vigilado constantemente por el FBI. Las cosas todavía se complicarán más para Sam cuando se enamore, case y tenga una hija con Ginger McKenna (Sharon Stone), una ambiciosa estafadora y chica de alterne incapaz de poner orden en su más que inestable vida.

Retrato de Martin Scorsese
Las películas tocan nuestros corazones, despiertan nuestra visión, y cambian nuestra forma de ver las cosas. Nos llevan a otros lugares. Nos abren las puertas y las mentes. Las películas son los recuerdos de nuestra vida. Tenemos que seguir con vida

Martin Scorsese

(1942)

Director, productor, guionista, ocasional actor, showrunner televisivo, vocacional historiador cinematográfico y cinéfilo impenitente, Scorsese nació en Queens, Nueva York, el 17 de noviembre de 1942. Hijo y nieto de inmigrantes italianos, su infancia transcurrió al lado de su tan modesta como devota familia católica. El hecho de ser un muchacho asmático lo apartó tempranamente de las actividades propias de un chico de su edad, haciendo por contra que aflorase en él su desde entonces ya irrefrenable pasión por el cine (tenía 11 años cuando dibujó su primer storyboard). Aunque inicialmente estudió para ordenarse sacerdote, al final se matriculó en la Universidad de Nueva York, obteniendo su licenciatura en la escuela de cine en 1964 y sacándose un título de postgrado en esa misma disciplina en 1966. Tras realizar varios cortometrajes de corte alternativo, y sin duda muy influenciado por las nuevas corrientes fílmicas que acabarían revolucionando en pocos años la cada vez más anquilosada industria cinematográfica norteamericana, Scorsese rodaría en 1967 junto a su compañero de estudios Harvey Keitel su primer largometraje, ¿Quién llama a mi puerta?, cinta que le permitiría ser considerado como uno más de los movie brats, grupo al que por aquel entonces pertenecían inconformistas cineastas como Francis Ford Coppola, Brian De Palma, George Lucas y Steven Spielberg. Tras trabajar a principios de los 70 para el productor de películas de serie B Roger Corman, Scorsese se alió con Robert De Niro para filmar en 1973 la que sería su primera obra realmente personal, la todavía embrionaria Malas calles. Scorsese se vería definitivamente catapultado al estrellato en 1976 con Taxi Driver, película de culto por excelencia, escrita junto a Paul Schrader y protagonizada por De Niro, que le reportaría su primera Palma de Oro en el Festival de Cannes y que cimentaría desde entonces su leyenda como uno de los directores más importantes de todos los tiempos. Tras un breve aunque traumático periodo de fracasos personales y profesionales, Scorsese invertiría todas sus energías en la que él mismo creía sería su ultima película, la monumental Toro salvaje (1980), para muchos su más indiscutible obra maestra. La película no alcanzó ningún éxito de público, pero afianzó nuevamente a Scorsese en el podio de los realizadores más poderosos y arriesgados del panorama norteamericano justo en el momento en el que los estudios estaban radicalizando sus posiciones tras los sonoros fracasos de los últimos proyectos de autores como Michael Cimino o el propio Coppola. Durante la década de los 80 abordaría proyectos tan distintos y distantes entre sí como puedan serlo El rey de la comedia (1983), Jo, ¡qué noche! (1985), El color del dinero (1986) y La última tentación de Cristo (1988). Scorsese no volvería a levantar cabeza hasta el estreno en 1990 de la extraordinaria Uno de los nuestros, considerada por muchos como la mejor película sobre la mafia jamás rodada. Recuperado su gancho en taquilla, realizó entre otras el remake de El cabo del miedo (1991), la suntuosa adaptación de La edad de la inocencia (1993), y su nueva incursión en el cine de temática gangsteril, Casino (1995). El cambio de siglo le resultaría especialmente propicio: lograría filmar por fin (junto a su ya inseparable Leonardo DiCaprio) uno de sus más preciados proyectos, la mastodóntica Gangs of New York (2002), conseguiría un gran éxito de taquilla con El aviador (2004), sería honrado en 2005 con la Legión de Honor francesa, y tras ocho nominaciones fallidas ganaría finalmente con Infiltrados (2006) ese Oscar al mejor director que tantas veces se le había escapado, galardón que le entregaron sus amigos Coppola, Lucas y Spielberg. El 17 de enero de 2010 se le otorgó el premio honorífico Cecil B. DeMille en la edición de ese año de los Globos de Oro por su “sobresaliente contribución al campo del entretenimiento”. En una encuesta realizada por la revista Empire, Scorsese salió elegido como el tercer mejor director de la Historia, por detrás tan solo de Spielberg y Hitchcock.